La novena edición del Madrid Design Festival cerró el 3 de mayo en el Teatro Fernán Gómez. Lo que organizaba La Fábrica bajo el lema «Rediseñar el mundo» reunió tres exposiciones centrales, una decena de instalaciones satélite y la primera retrospectiva en vida que se hace en España de André Ricard, diseñador industrial catalán de noventa y seis años, autor entre otras piezas de la antorcha olímpica de Barcelona 92.
Dos meses después del cierre, vale la pena mirar hacia atrás y preguntarse qué se vio en la ciudad y, sobre todo, qué temas decidió no atender un festival que, por su escala, marca pauta en el sector.
Tres exposiciones, tres velocidades
La sala mayor del Fernán Gómez la ocupó «André Ricard. Diseño en uso», comisariada por Marina Povedano y Arnau Pascual. La decisión expositiva fue significativa: ninguna vitrina. Los objetos —el cenicero Copenhague, el colgador Tecla, la lámpara Tatu, la pinza Orion— se distribuían por espacios funcionales (mesa, baño, cocina, estudio) que invitaban a tocar, no a contemplar a distancia. El planteamiento devuelve al diseño industrial su condición original de oficio para la vida cotidiana, no de pieza de museo. Para una generación que asocia el diseño español con el luxury de showroom, cruzarse con la antorcha olímpica colocada al lado de un cenicero doméstico era un recordatorio operativo: la pieza icónica y la pieza barata podían salir del mismo cerebro y de la misma ética.
«Manifiesto Mediterráneo», comisariada por Mariona Rubio Sabatés, agrupó a más de treinta autores en torno al territorio cultural y material del mar. La exposición funcionaba mejor como ensayo colectivo que como suma de piezas: artesanía, autoedición y trabajo de campo se mezclaban con investigación material, y la advertencia sobre la fragilidad ambiental del Mediterráneo aparecía en el subsuelo del discurso sin necesidad de gritarla. La colaboración de Cosentino daba peso material a un argumento que, en otros formatos, se habría disuelto en la retórica.
«Arte textil en Guatemala: diseño e identidad» trajo a la edición a un país invitado y a un saber que el discurso oficial del diseño tiende a colocar en categoría de etnografía. Huipiles mayas de varias regiones, técnicas de telar de cintura, brocado, jaspe y bordado: la exposición proponía leerlas como sistemas complejos de diseño, no como artesanía decorativa. La curaduría obligaba a recolocar el vocabulario.
De las nueve piezas, siete que merecen atención
Más allá del eje expositivo del Fernán Gómez, el festival dispersó instalaciones por la ciudad. La revista Interior Design recogió nueve highlights que ilustran bien el registro general:
- «Love Catcher», primera escultura de gran formato de Jaime Hayon en España, en bronce inflable. Tensión deliberada entre lo monumental y lo blando, entre lo permanente y lo efímero.
- «Crafted Garden», intervención de Loewe sobre fragancias y velas, con paredes plegadas de papel ultrafino de Molo Design. El despliegue Loewe-festival es ya recurrente y dice algo sobre quién financia narrativamente.
- «Forest Bathing», instalación con vegetación local de Finsa en un espacio acristalado, que insistía en una idea ya colonizada por el sector hotelero: la naturaleza como espacio de regulación emocional.
- «Relevo Generacional», de Kavita Parmar, sobre oficios olvidados como los exvotos de pan o los makilas vascos. Un ejercicio de archivo activo, más cerca del documental que del producto.
- «Siesta de Pastora Cabaña», de PAISAnaJE, con una propuesta concreta de revitalización de la lana española en diálogo con pastores y expertos climáticos.
- «Tyre Lounge», de Gianluca Pugliese y Signus, que convertía neumáticos usados en refugio acústico mediante paneles PET.
- «DOMUS NOVA», de Manera y SANTA Living en el patio del Museo de San Isidro, con más de cuarenta piezas de cerámica, mueble, tejido y vidrio soplado.
El patrón es claro: artesanía, sostenibilidad, vínculo territorial. Es el lenguaje editorial dominante del diseño contemporáneo europeo, y el festival lo reproduce con coherencia. La mayoría de las piezas pueden seguirse en el archivo oficial del festival y en los espacios participantes.
Lo que no se vio
Aquí empieza la conversación interesante. Tres bloques temáticos importantes para el debate sectorial 2026 quedaron prácticamente fuera del programa oficial.
Inteligencia artificial generativa
La cobertura del festival mencionó «cautela ante la IA» como narrativa de fondo, pero esa cautela funcionó más como ausencia que como discusión. Una edición que ocupa la ciudad un mes entero no programó ninguna mesa, exposición o intervención sobre cómo Midjourney, DALL·E o las herramientas de generación 3D están reordenando el flujo de trabajo de los estudios de diseño industrial, gráfico o arquitectónico. Es un silencio raro: cuando otras ferias internacionales —ICFF en Nueva York, Stockholm Furniture Fair— han abierto bloques específicos para discutir uso responsable, el festival madrileño optó por no abrir esa puerta.
La decisión es legítima como estrategia editorial: si el discurso central es «rediseñar el mundo» en clave artesanía y sostenibilidad, la IA generativa puede tratarse como ruido. Pero el debate ya lo está teniendo el sector, con o sin festival, y la ausencia se siente más como evitación que como crítica.
Diseño regenerativo
La edición habló mucho de sostenibilidad y circularidad, dos términos hegemónicos desde los noventa. No habló de diseño regenerativo, el desplazamiento conceptual que muchos estudios europeos —Arup, IDEO, programas como DesignSingapore Council o el trabajo de Daniel Wahl— están consolidando como sucesor operativo. La diferencia entre ambos términos no es semántica: «sostenible» propone no causar daño, «regenerativo» propone devolver más de lo que se toma.
El festival prefirió el lenguaje establecido. La oportunidad de introducir una conversación más exigente quedó fuera de la programación y se diluyó en el discurso paraguas «Rediseñar el mundo».
Diseño digital y de producto blando
El acento de la edición cayó casi por completo sobre objetos físicos —cerámica, mueble, textil, escultura, instalación material—. La práctica de diseño digital, que es donde trabaja la mayoría de la profesión española activa hoy, apareció marginal. Ni un tratamiento serio del estado de los design systems, ni una intervención sobre interfaz, ni una mesa sobre el desplazamiento de la web hacia tokens y librerías compartidas, ni un debate sobre el papel del diseñador de producto en empresas SaaS. La sensación es la de un festival que dialoga sobre todo con la cultura del oficio material y, dentro de ella, con un perfil concreto: el de la pieza autoeditada, el estudio pequeño con vínculo territorial.
No es una crítica al perfil. Es una observación sobre quién no estaba en la conversación.
Lo que el festival sí consigue
El balance no es negativo. Una edición que pone en pie la primera retrospectiva en vida de André Ricard hace una contribución sólida a la cultura del diseño española. La exposición de Ricard, de hecho, es lo que probablemente quede en la memoria colectiva más allá de 2026. La decisión de organizar la muestra por espacios funcionales y sin vitrinas mereció el viaje.
«Manifiesto Mediterráneo» y la presencia de Guatemala como país invitado introducen un correctivo necesario: el diseño se hace también lejos del eje Milán-París-Estocolmo, y el festival lo reconoce sin tono condescendiente.
El despliegue de instalaciones por la ciudad mantiene viva la ambición urbana del proyecto. La colaboración con Loewe, Cosentino o Finsa garantiza recursos, aunque también pone una marca corporativa en el horizonte simbólico de cada edición.
Implicaciones para 2027
La pregunta que deja el festival no es si la edición fue buena —en términos de ejecución, lo fue—, sino qué decide programar y qué decide omitir un proyecto que ya marca pauta sectorial en español.
Si el lema de 2027 vuelve a ser «rediseñar el mundo» o equivalente, la conversación sectorial habrá avanzado en territorios que esta edición decidió no tocar: IA generativa con criterio, diseño regenerativo como sucesor operativo de sostenibilidad, papel del diseñador en producto digital y SaaS. La organización tiene un año para decidir si los incorpora o los sigue manteniendo como ruido externo.
Por ahora, lo que queda es la imagen de André Ricard en la sala mayor del Fernán Gómez, una pinza antipolvo Orion al lado de la antorcha olímpica, y la sensación de que el oficio del diseño industrial español tiene mucho más que la generación dorada catalana de los ochenta. La edición de 2026 lo recordó. La de 2027 puede ampliar el campo.
Fuentes consultadas:
- Madrid Design Festival 2026 — programa oficial Ayuntamiento de Madrid
- Teatro Fernán Gómez — Madrid Design Festival 2026
- 9 Highlights From Madrid Design Festival 2026 — Interior Design Magazine
- Madrid Design Festival 2026 — Manera Magazine
- Tributo a André Ricard — Neo2
- André Ricard. Diseño en Uso — Tectónica