Arquitectura · 02 may 2026

RCR Arquitectes: la obra reciente bajo el peso del Pritzker

Análisis de tres proyectos del estudio olotense posteriores al Pritzker 2017: Soulages, Perelada Winery y la expansión Palmares. Qué cambia cuando el reconocimiento llega antes que la madurez.

Vista exterior del Museo Soulages en Rodez con la materialidad de acero corten característica de RCR Arquitectes
Museo Soulages, Rodez (Francia). RCR Arquitectes con G. Trégouët (2014). Acero corten oxidado integrado con paisaje agrícola. — fuente

En marzo de 2017, el Pritzker recayó por primera vez en un trío. Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta, los tres olotenses que llevaban juntos desde 1988 firmando como RCR Arquitectes, recibieron el reconocimiento que la profesión usa para coronar trayectorias maduras. En el caso del estudio de Olot, el reconocimiento llegó cuando todavía tenían una década larga de obra por delante.

Casi nueve años después, conviene mirar qué ha hecho RCR con ese tiempo añadido. La pregunta no es trivial: el Pritzker tiene un efecto conocido sobre los estudios que lo reciben. Crece el volumen de encargos. Cambia la escala. Aparecen proyectos internacionales que, sin el premio, los clientes nunca habrían propuesto. La materialidad y el método tienen que sostenerse a través de una presión operativa nueva.

El método RCR antes del premio

La obra previa al Pritzker estaba marcada por una manera de trabajar muy concreta. Estudio único, en Olot, con apertura a la dirección externa cuando el proyecto lo requería. Materialidad reducida —acero corten, hormigón, cristal, agua— elegida por su capacidad de envejecer con dignidad y dialogar con el paisaje volcánico de la Garrotxa. Tiempo de proyecto largo. Pocos encargos a la vez.

El estadio de atletismo Tossols-Basil (Olot, 2000), el restaurante Les Cols (Olot, 2002), la bodega Bell-Lloc (Palamós, 2007) consolidaron el lenguaje. El Museo Soulages (Rodez, Francia, 2014) lo amplió a escala de equipamiento cultural sin perder la coherencia material.

La pregunta que el Pritzker introduce es estructural: ¿se puede crecer un veinte o treinta por ciento en escala y volumen de proyectos sin que el método se diluya?

Soulages: la pieza que cierra la etapa anterior

El Museo Soulages había sido inaugurado tres años antes del premio, pero su recepción crítica internacional se aceleró tras 2017. La pieza condensa todo el lenguaje RCR: integración paisajística absoluta —el museo aparece y desaparece según el ángulo de aproximación—, acero corten oxidado como material dominante, salas concebidas a partir de la luz que el pintor Pierre Soulages utiliza en su outre-noir.

Lo interesante operativamente no es la pieza, ya muy comentada. Es que el Soulages cierra una etapa. RCR construyó un edificio cultural mediano (5.300 metros cuadrados) con el método de su escala anterior —tiempo lento, materialidad expresiva, dirección directa de obra desde Olot—. El proyecto demostró que el lenguaje aguantaba el salto de escala sin recurrir a fórmulas comerciales. Pero también marcó el techo de lo que el método clásico podía absorber sin transformación.

Perelada Winery: la prueba de la maduración

La Bodega Perelada (Empordà, Cataluña, 2024) es probablemente el proyecto más relevante del estudio en clave post-Pritzker. Encargo de la familia Suqué Mateu, propietaria del Castell de Perelada, para una bodega de producción y enoturismo de 16.500 metros cuadrados parcialmente enterrada en el paisaje.

El proyecto recoge gestos del lenguaje RCR clásico: integración con el terreno, uso del acero corten en cubierta, agua como elemento compositivo. Pero introduce algo nuevo: complejidad funcional alta. Una bodega de producción real necesita gestionar logística, naves de elaboración, depósitos de fermentación, salas de cata, oficinas, espacios públicos. Todo eso sin que el edificio pierda la lógica geomórfica que define a RCR.

El resultado es una pieza con gestión de programa más densa que cualquier proyecto anterior del estudio. La crítica especializada comentada en Dezeen y otras publicaciones internacionales destacó la capacidad del estudio de no convertir la complejidad en barroquismo. Las salas de elaboración mantienen la sobriedad material del lenguaje original. El público encuentra una pieza coherente con la obra previa.

Lo que la pieza enseña: el método RCR puede absorber complejidad funcional cuando el equipo se amplía con dirección de obra externa cualificada. La promesa del estudio era que no se diluiría. Perelada confirma —al menos en este proyecto— que la promesa se sostiene.

Palmares Ocean Living: la prueba del riesgo

El proyecto residencial Palmares Ocean Living and Golf Resort (Algarve, Portugal) es el tipo de encargo que estudios premiados aceptan tras el reconocimiento internacional. Treinta y siete apartamentos y villas de luxury en complejo turístico-residencial de alta gama, con fechas de entrega entre 2021 y 2022 según la documentación promocional original.

Aquí el balance es más matizado. El programa —residencial luxury internacional, vivienda de inversión, golf resort— está lejos del territorio cultural y vinculado al paisaje en el que RCR había construido su autoridad. La pregunta es si el lenguaje aguanta el desplazamiento programático.

La crítica internacional ha sido ambigua. Por un lado, las piezas conservan el lenguaje material RCR: hormigón visto, acero corten, geometría apaisada que dialoga con el horizonte atlántico. Por otro, hay quien señala que la integración paisajística, central en la obra olotense, se diluye cuando el contexto pasa de la Garrotxa volcánica al desarrollo turístico portugués. La operación no es la misma cuando el paisaje base ya está fragmentado por hoyos de golf y construcción residencial existente.

Es legítimo aceptar el encargo. Cualquier estudio de su escala lo hace. Pero el caso muestra el límite del método: cuando el contexto base no soporta la lógica geomórfica que define el lenguaje, la pieza tiende al pastiche del propio estilo. RCR no ha caído del todo en eso, pero el riesgo es visible.

Muraba Veil: la frontera del compromiso

El proyecto en Dubai con el promotor Muraba —una torre de 380 metros— representa la frontera del compromiso del estudio con el contexto. Es la primera vez que RCR firma un rascacielos. El lenguaje material se mantiene en la propuesta de envolvente (cubierta tejida que filtra luz y polvo), pero el programa, la altura y el clima son antagónicos del territorio donde el método se forjó.

El proyecto está en construcción y no admite todavía valoración crítica completa. Pero plantea la pregunta que cierra la lectura post-Pritzker: ¿hasta dónde puede expandirse el método RCR sin convertirse en marca aplicable a contextos arbitrarios? El estudio responderá en obra durante la próxima década.

Lo que enseña la trayectoria post-Pritzker

Tres lecciones operativas para estudios pequeños que aspiran a reconocimiento internacional:

Primera: el premio no estabiliza el método, lo presiona. Tras el reconocimiento, los encargos crecen en escala y heterogeneidad. El método pre-premio raramente sobrevive sin transformación. RCR ha gestionado el cambio mejor que la mayoría —el Pritzker llegó cuando el estudio tenía treinta años de práctica acumulada—, pero incluso así se observa la presión.

Segunda: la materialidad es portátil, el contexto no. Los lenguajes materiales —acero corten, hormigón visto, agua— pueden aplicarse en geografías muy distintas. Pero la lógica que les daba sentido en el paisaje volcánico de la Garrotxa no se traslada directamente a Algarve, Dubai o Rodez. Los proyectos que mantienen autenticidad son los que adaptan la lógica al contexto, no los que aplican el material como firma.

Tercera: la dirección de obra externa es el cuello de botella. Estudios pequeños premiados acaban dependiendo de equipos de implementación externos para gestionar el volumen. Cuando el equipo externo es cualificado y el estudio principal supervisa con detalle, el método se sostiene. Cuando se delega sin fricción, el lenguaje se diluye en el primer proyecto. RCR ha cuidado esa relación; la mitad de los estudios que han recibido el premio en los últimos veinte años no.

El estudio de Olot llega a la novena edición post-Pritzker con el lenguaje intacto, encargos relevantes en cartera y una fundación —la RCR Bunka Foundation— que extiende el método hacia formación e investigación. La presión seguirá. La pregunta interesante es si los próximos proyectos —especialmente los internacionales en contextos lejanos— seguirán aguantando el peso del nombre, o si en algún momento el lenguaje pasará a ser autorreferencial.

Por ahora, sigue siendo arquitectura.


Fuentes consultadas:

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